Es básicamente eso
Años sin discutir con nadie,
porque lo detesto.
Quizá por eso tengo esa capacidad
de entender a todo el mundo.
Esa paciencia para escucharlos,
dejar que su opinión fluya,
la tranquilidad de entender,
la creencia de comprender,
y en última instancia,
decidir.
Si compartir o no su idea.
Lleva años,
acostumbrarse,
y habituarte a ser de esa forma.
Llega un momento en el que ya nunca discutes,
nunca tienes problemas.
¿Imaginas un mundo en el que no tienes problemas con otras personas?
Es tan fácil como respirar,
escuchar a la otra persona,
y tratar de entenderla.
A veces llega una persona que rompe tus esquemas,
y te tomas el tiempo de escucharla.
Lo piensas, y te das cuenta de que tiene razón.
Te sientes mal por no haberlo pensado tú.
Y pides disculpas...
Ha pasado el tiempo,
y te sigues sintiendo mal.
Quizá el dolor sea el que te empuja a ello,
y te das cuenta, de que;
sí, tenía razón.
La razón para querer golpearme la mano con un martillo
era acertada.
Estaba aburrida, y golpearme
la haría divertirse.
Y tenía razón.
Pero no se paró a pensar en si me dolería a mi.
Y sí, me dolió.
Yo no quiero que me hagan daño,
estar bien,
estar sano.
Quiero ser feliz.
¿Por qué me haces daño entonces?
Enfadado, pienso:
no volverás a engañarme otra vez.
Lo pienso hasta que volvemos a vernos.
Entonces sonríes, y ya no estoy enfadado.
Y vuelvo a poner la mano por si te aburres.

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