Un candado que cerraba
lo que nunca me había atrevido a contar a nadie.
Un cerrajero vino, con peinado de mujer
y sonrisa de "tal vez".
Lo dejé probar suerte,
aun dudo de los motivos
que me llevaron a hacer tamaña locura.
Tomó la llave de mis recuerdos
y trató de abrirlo.
Entonces todo explotó;
la llave,
el candado,
el amor.
Cuando descubrió lo que ocultaba,
se fue arrepentido.
"Hay cosas que es mejor no conocer"
Y me quebré del todo.
Aun tengo fugas,
quizá porque he tratado de poner tiritas
a un disparo de bala.
Y es cierto, no se cura.
Pero evita que nadie lo vea.
Mientras tanto uso tiritas
en forma de medias sonrisas crudas
para disimular.
Cuando lo que necesito es un candado nuevo,
y no este, que ya no se cerrará más.

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