lunes, 21 de agosto de 2017

Que triste...

Es completamente injusto seguir enamorado de ti, cuando tú ya me has olvidado.

No hay día que no piense en ti y me pregunte como estarás. Que me da miedo que algo te pase y sin ser creyente rezo porque todo te vaya bien. Me muero de miedo. Y lo peor es que no estaré ahí si algo te pasara. Ya nunca estaré, porque me echaste de tu lado.

¿Cómo no te diste cuenta de que habría hecho cualquier cosa por ti? Una vez te dije que si llegaba a enamorarme de ti, ya nunca te olvidaría, sólo necesitaba tiempo. Y me pasé un año tras de ti, regalándote mi todo, sólo en busca de tu amor y de tu afecto…

Me dijiste, que lo más bonito que podía regalarte, era tiempo. Bien, después de mi amor, mi cariño y mi afecto, todo cuanto te di, fue mi tiempo. Mi tiempo libre, que no era mucho. Mi tiempo de estudio. Mi tiempo de clase, más de una vez, e incluso mi tiempo de sueño. Todo el tiempo que podía darte, y más. Pero no fue suficiente.

Se que tú no lo pediste. Al parecer, no querías nada de mi. Pero a veces dejé de comer, de descansar, de dormir, por estar a tu lado. Yo nunca lo vi como un sacrifico, sino como una inversión. Te di mi dinero, y también mi salud. Coger la bici, la guagua o el taxi, para llegar hasta ti. Y esperarte bajo el sol, bajo la Luna, con viento y con lluvia…

Te di mis letras. Sí, puede que pienses que para mi es fácil. Pero no es cierto. Por cada texto se me fue una parte de mi, que era tuya y solamente tuya. Cada vez que te dejaba un mensaje, por si te despertabas en mitad de la noche, pudieses volverte a dormir con el sonido de mi voz…

Te di mi paciencia cada vez que dudabas y no sabías que era lo que querías de mi o conmigo.
Te di mi perdón, por cada vez que me fallaste, cada vez que me hiciste daño al punto que me planteaba dejarlo, pero te perdonaba y me quedaba contigo. Para mí, merecía la pena. Lo valías todo.

Te enseñé cuanto sabía. Te ayudé cuanto podía. Te apoyé cada vez que lo necesitaste y me dejaste estar a tu lado…

Que triste, de verdad.

Que triste que al final, decidiste, o te diste cuenta, sin más, que preferías estar con alguien más. Que estar conmigo no merecía ni la alegría, ni la pena. Y que por ello, daba igual cuanto hiciese o hubiese hecho por ti, porque, sin más, tú no querías estar conmigo.

Que triste, de verdad.

Yo te amé y aún te amo, pero tú ya me has olvidado.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Recuerdos de un lejano verano


Recuerdo un día como hoy,
en el que al volver nos metíamos en tu cuarto y yo desnudaba tu cuerpo con masajes.
Me recuerdo a mi, al que siempre le ha gustado poco el sol y la playa,
beberme a besos los rayos de sol que aun calientan tu cuerpo,
y lamer tu entrepierna con sabor a mar.

Recuerdo ver en tu mirada,
la súplica de que te raptara del mundo.
Porque no querías ver a nadie más que a mi,
y lo único que necesitabas durante el resto de la tarde,
era mi cuerpo desnudo cubriendo el tuyo.
Aun me recuerdo dentro de ti,
y susurrarte sobre los labios que te amaba entre beso y beso.
Recuerdo sentir un océano infinito en tus abrazos
y no tener más sed que de tus labios.

Son, entre otros muchos,
casi todos relacionados contigo,
los recuerdos más felices de toda mi vida.

Ya no existen los besos, ni el sentimiento.
Ya no encuentro tu mirada,
y quizás me haya vuelto a dejar de gustar tanto la playa.
Pero, oh, que recuerdos...
Nunca me dolerá tanto el que se terminara,
como me alegra el hecho de que una vez pasara.

Y lo mejor, absolutamente lo mejor de todo aquello,
sin lugar a dudas,
es que aun te quiero.

lunes, 29 de febrero de 2016

Cosas que se le ocurren a uno a las 4 de la mañana



He estado dando vueltas,
y por eso he tardado en darme cuenta.
Los errores que cometo
no te duelen más que a mi.

Te escribí,
y empezaste a tenerme miedo.
Dijiste que los de mi clase somos peligrosos.
No necesito flores,
ni si quiera el vernos.
Basta con que haga
para lo que he nacido;
escribir.

Escribirte, en realidad.

Te escribo que te quiero,
y tú me crees y sabes que es verdad,
pues lo he escrito.
Pero nunca escribo que me quieres.
Así que no lo sabes
o tan siquiera llegas a hacerlo.
Y a quien le duele es a mi.

¿Cómo no voy a quererte,
si te he escrito?

Nacido para escribir, sí.
Pero falta de motivos.
Entonces llegas tú
y casi sobran.
Me llenas.

Las páginas en blanco
ahora son poemas.
Las libretas,
novelas.

Los lápices llenan ceniceros de esquirlas,
en el que apago cigarros de tinta.

Entonces me despierto un día,
y escribo que me acabarás dejando.
Entonces te despiertas un día,
y me dices que me dejas.
Y a quien le duele, es a mi.

Y aun sin ti,
después de que te has ido,
sigues siendo quien me hace escribir.

¿Y a quien le duele?
Sí,
es a mi.


viernes, 26 de febrero de 2016

Para lo que da una foto...



Hoy camino por la misma acera
que una vez recorrimos de la mano.
Y me he dado cuenta de que el cielo,
cuando estaba contigo,
no parecía tan lejano.

Quizás sea el mismo camino
y lo que cambió
fueron mis pasos.

Aquellas nubes que saboreaba con un beso,
hoy quedan más cerca que tus labios.

Tus ojos inmensos,
tu mirar profundo.
La ventana en la que veía lo que eras,
mi mundo.

Quedan cartas como recuerdo,
que leemos a escondidas.
Las palabras aun hacen eco,
aun duelen las heridas.

Ahora corazón ciego,
el cielo bajo el que te amé,
no se ve el mismo.
Y quien era entonces,
desapareció contigo.



martes, 16 de febrero de 2016

Noches de tormenta que te recuerdan quien eres

Hoy las nubes tiñen el cielo de mi ciudad y de mi mente.
El viento ruge con fuerza y limpia el ruido de mis oídos.
Me habla y me cuenta las cosas
que no debería de haber olvidado.

Cuentan, que a lo que toda persona aspira,
es a ser feliz.
Rayos, es verdad.
Lo había olvidado por completo.

Yo no quiero ser feliz,
por ende, yo no debo de ser un hombre.
Soy otro ser,
con apariencia humana.
Hablo con los elementos,
veo las cosas,
y muchas veces, también las siento.

Vine a este mundo con un propósito;
dejar una huella larga y duradera.
Como la sombra de los árboles en un bosque durante el invierno
Pero un invierno que dure años,
ojalá también décadas.
Un invierno,
de esos que obligan a la gente
a reunirse entorno a chimeneas,
en pequeños y grandes salones.
Que los invita a verse y escucharse unos a otros.

La felicidad es cálida,
la he experimentado alguna vez,
en pequeñas dosis.
Y por ello se que no soy feliz.
Pero por ello, mi frío tiene ese aire nostálgico.
Con sabor a besos a altas horas de la noche,
con olor que se queda en el cuerpo tras el sexo.

En mis ojos siempre hay una despedida.
La promesa de que en algún momento me iré
y seguramente no sea tarde.

Soy un encuentro fugaz.
Puedes pedirme un deseo,
paro al igual que las estrellas no se detienen en su paso,
no lo haré yo.
Y a veces lo que deseamos
no es lo que obtenemos.
A veces lo que nos depara la providencia
es mejor de lo que creíamos.

Pero mi estela...
Espero que pasen años,
y aun haya gente que pueda leerme en el infinito.
No es mi deseo, no.
Es mi esperanza.
Yo no escribo para ser feliz,
escribo para que otros puedan serlo.
Esa es mi razón de ser.
Ese es quien soy.