lunes, 29 de febrero de 2016

Cosas que se le ocurren a uno a las 4 de la mañana



He estado dando vueltas,
y por eso he tardado en darme cuenta.
Los errores que cometo
no te duelen más que a mi.

Te escribí,
y empezaste a tenerme miedo.
Dijiste que los de mi clase somos peligrosos.
No necesito flores,
ni si quiera el vernos.
Basta con que haga
para lo que he nacido;
escribir.

Escribirte, en realidad.

Te escribo que te quiero,
y tú me crees y sabes que es verdad,
pues lo he escrito.
Pero nunca escribo que me quieres.
Así que no lo sabes
o tan siquiera llegas a hacerlo.
Y a quien le duele es a mi.

¿Cómo no voy a quererte,
si te he escrito?

Nacido para escribir, sí.
Pero falta de motivos.
Entonces llegas tú
y casi sobran.
Me llenas.

Las páginas en blanco
ahora son poemas.
Las libretas,
novelas.

Los lápices llenan ceniceros de esquirlas,
en el que apago cigarros de tinta.

Entonces me despierto un día,
y escribo que me acabarás dejando.
Entonces te despiertas un día,
y me dices que me dejas.
Y a quien le duele, es a mi.

Y aun sin ti,
después de que te has ido,
sigues siendo quien me hace escribir.

¿Y a quien le duele?
Sí,
es a mi.


No hay comentarios:

Publicar un comentario