Hoy las nubes tiñen el cielo de mi ciudad y de mi mente.
El viento ruge con fuerza y limpia el ruido de mis oídos.
Me habla y me cuenta las cosas
que no debería de haber olvidado.
Cuentan, que a lo que toda persona aspira,
es a ser feliz.
Rayos, es verdad.
Lo había olvidado por completo.
Yo no quiero ser feliz,
por ende, yo no debo de ser un hombre.
Soy otro ser,
con apariencia humana.
Hablo con los elementos,
veo las cosas,
y muchas veces, también las siento.
Vine a este mundo con un propósito;
dejar una huella larga y duradera.
Como la sombra de los árboles en un bosque durante el invierno
Pero un invierno que dure años,
ojalá también décadas.
Un invierno,
de esos que obligan a la gente
a reunirse entorno a chimeneas,
en pequeños y grandes salones.
Que los invita a verse y escucharse unos a otros.
La felicidad es cálida,
la he experimentado alguna vez,
en pequeñas dosis.
Y por ello se que no soy feliz.
Pero por ello, mi frío tiene ese aire nostálgico.
Con sabor a besos a altas horas de la noche,
con olor que se queda en el cuerpo tras el sexo.
En mis ojos siempre hay una despedida.
La promesa de que en algún momento me iré
y seguramente no sea tarde.
Soy un encuentro fugaz.
Puedes pedirme un deseo,
paro al igual que las estrellas no se detienen en su paso,
no lo haré yo.
Y a veces lo que deseamos
no es lo que obtenemos.
A veces lo que nos depara la providencia
es mejor de lo que creíamos.
Pero mi estela...
Espero que pasen años,
y aun haya gente que pueda leerme en el infinito.
No es mi deseo, no.
Es mi esperanza.
Yo no escribo para ser feliz,
escribo para que otros puedan serlo.
Esa es mi razón de ser.
Ese es quien soy.
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