¿Sería en una tarde así en la que se conocieron?
Él estaba cansado de todo. Todo, que era nada. Acababa de llegar a la ciudad, escapando de la tragedia que había sido su vida. Con un dinero que le había robado años de vida, y que ahora prometía devolvérselos, aunque siempre se desconfía.
El sabor del carbón aun lo despertaba en mitad de la noche, después de meses sin coger una pala. Y la luz de la mañana lo atormentaba, acostumbrado a la vivaz llama de una única vela, que puede ser la última luz que veas si picas donde no debes y encuentras una burbuja de gas...
Así que cansado de todo, y de todo, que era nada. De trabajar para poder comer, y de comer para poder trabajar. De levantarse para coger un pico, y soltarlo para volver a dormir. Decidió salir a conocer ese nuevo mundo, completamente desconocido. Aun se asustaba cuando su reflejo le devolvía la mirada.
A pesar de que sabía que había tenido una madre, no la recordaba. No había vuelto a ver a una mujer en toda su vida hasta es momento, y no tenía ni idea de que pensar sobre ellas. Había demasiada gente en las calles, y no entendía el ruido. En la mina, todo tiene un sentido, una dirección, es constante e invariable... Los picos contra la roca, las palas al recoger las piedras y el carbón, e incluso el chirrido de las carretillas cuando las trasladaban... Las muy pocas veces que alguien se animaba a silbar, era solo para acompañar aquella música que formaba sus vidas. Desde el amanecer de la vela, hasta que esta se apagaba...
Encontró un parque, en el que nadie reparaba. ¿Quien tenía tiempo para desperdiciarlo en aquella época? Lejos de la ciudad y el gentío, lejos del ruido... Más allá solo había un mundo inexplorado de miradas, y él no podía entender por que la gente no se detenía solo para escuchar aquel maravilloso sonido y ver aquella maravillosa luz. Un sonido tan maravilloso, el del silencio... Era capaz de escuchar su corazón, podía escuchar sus pensamientos, algo que jamás había hecho, y que por primera vez era consciente de que podía pensar, que su vida tenía algo más que lo programado. Y podía escuchar las lágrimas de emoción ante semejante espectáculo. Esa luz que bañaba ese parque, y resplandecía en el estanque de los patos, más maravillosa que cualquier vela que hubiese visto en toda su vida...
Solo si eres capaz de imaginar esa sensación, ese descubrimiento tan profundo que cambió la vida de ese hombre, serás capaz de entender, lo que supuso para él, el girarse al escuchar unos pasos que interrumpieron su silencio, y ver en una sonrisa toda esa belleza contenida. La luz que se entrevé entre las nubes en un día nublado, la sensación de tibieza que trasmite un solo rayo de sol que se escapa y te alcanza en la cara cuando todo a lo que aspirabas en ese día, eran a unas cuantas gotas de lluvia que te calasen hasta los huesos...
-¿Por qué llorabas?
Una muchacha había seguido al individuo casi desde que salió de su habitación de hostal, intrigada en su extraño comportamiento. En cuanto la escuchó hablar, volvió a llorar de nuevo...
Mi padre nunca ha conseguido explicarme todos los sentimientos nuevos que descubrió con aquella muchacha. Mi madre, por el contrario, se ha pasado toda su vida explicándole todo eso que nos rodea y él no tenía ni idea. Mi padre, a pesar de no saber expresarse correctamente, me ha enseñado cosas maravillosas, que creo que el resto del mundo se ha perdido por no prestar atención.
No os voy a contar su historia de amor, eso les concierne solo a ellos. Pero... Cada vez que mi madre me la cuenta, no puedo evitar emocionarme. Y por ello, en días como hoy, me vuelvo de esta manera, y pienso que ahí fuera, también hay una luz para mi, esperando que la descubra. Y que el sonido de su voz se grabe para siempre en mi corazón, y que al igual que mi padre, aun haya veces en que me emocione al escucharla decirme que me ama.
El sabor del carbón aun lo despertaba en mitad de la noche, después de meses sin coger una pala. Y la luz de la mañana lo atormentaba, acostumbrado a la vivaz llama de una única vela, que puede ser la última luz que veas si picas donde no debes y encuentras una burbuja de gas...
Así que cansado de todo, y de todo, que era nada. De trabajar para poder comer, y de comer para poder trabajar. De levantarse para coger un pico, y soltarlo para volver a dormir. Decidió salir a conocer ese nuevo mundo, completamente desconocido. Aun se asustaba cuando su reflejo le devolvía la mirada.
A pesar de que sabía que había tenido una madre, no la recordaba. No había vuelto a ver a una mujer en toda su vida hasta es momento, y no tenía ni idea de que pensar sobre ellas. Había demasiada gente en las calles, y no entendía el ruido. En la mina, todo tiene un sentido, una dirección, es constante e invariable... Los picos contra la roca, las palas al recoger las piedras y el carbón, e incluso el chirrido de las carretillas cuando las trasladaban... Las muy pocas veces que alguien se animaba a silbar, era solo para acompañar aquella música que formaba sus vidas. Desde el amanecer de la vela, hasta que esta se apagaba...
Encontró un parque, en el que nadie reparaba. ¿Quien tenía tiempo para desperdiciarlo en aquella época? Lejos de la ciudad y el gentío, lejos del ruido... Más allá solo había un mundo inexplorado de miradas, y él no podía entender por que la gente no se detenía solo para escuchar aquel maravilloso sonido y ver aquella maravillosa luz. Un sonido tan maravilloso, el del silencio... Era capaz de escuchar su corazón, podía escuchar sus pensamientos, algo que jamás había hecho, y que por primera vez era consciente de que podía pensar, que su vida tenía algo más que lo programado. Y podía escuchar las lágrimas de emoción ante semejante espectáculo. Esa luz que bañaba ese parque, y resplandecía en el estanque de los patos, más maravillosa que cualquier vela que hubiese visto en toda su vida...
Solo si eres capaz de imaginar esa sensación, ese descubrimiento tan profundo que cambió la vida de ese hombre, serás capaz de entender, lo que supuso para él, el girarse al escuchar unos pasos que interrumpieron su silencio, y ver en una sonrisa toda esa belleza contenida. La luz que se entrevé entre las nubes en un día nublado, la sensación de tibieza que trasmite un solo rayo de sol que se escapa y te alcanza en la cara cuando todo a lo que aspirabas en ese día, eran a unas cuantas gotas de lluvia que te calasen hasta los huesos...
-¿Por qué llorabas?
Una muchacha había seguido al individuo casi desde que salió de su habitación de hostal, intrigada en su extraño comportamiento. En cuanto la escuchó hablar, volvió a llorar de nuevo...
Mi padre nunca ha conseguido explicarme todos los sentimientos nuevos que descubrió con aquella muchacha. Mi madre, por el contrario, se ha pasado toda su vida explicándole todo eso que nos rodea y él no tenía ni idea. Mi padre, a pesar de no saber expresarse correctamente, me ha enseñado cosas maravillosas, que creo que el resto del mundo se ha perdido por no prestar atención.
No os voy a contar su historia de amor, eso les concierne solo a ellos. Pero... Cada vez que mi madre me la cuenta, no puedo evitar emocionarme. Y por ello, en días como hoy, me vuelvo de esta manera, y pienso que ahí fuera, también hay una luz para mi, esperando que la descubra. Y que el sonido de su voz se grabe para siempre en mi corazón, y que al igual que mi padre, aun haya veces en que me emocione al escucharla decirme que me ama.

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