Llevo un rato como entonando así una melodía al azar, y
estaba pensando; ¿qué puedo cantar? Como que me apetecía, pero no encontraba la
canción.
Pensé en algunas que conozco en inglés, pero no me apetecía
estropear una bonita canción con mi no tan bonita voz, no sé si me entiendes.
Hay otra cosa que
hacía y extraño,
Algo que aprendí de más
joven
Y perfeccioné con los
años.
Era a robar una
escena,
Y escribir de la cual
una novela,
De la que hacer luego
un poema
Eligiendo las
palabras
Que sintiese más
sinceras.
No era algo que hiciese cada día. Algunas veces veía cosas y
tardaba una semana en entender que era lo que mis ojos trataban de contarme.
Que era ese pequeño desliz que la suerte tuvo por capricho cruzarlo conmigo.
Una estrella fugaz que vislumbras de reojo en el cielo nocturno, con la que
sientes que debes de pedir un deseo, porque esa es tu estrella, pero tu cabeza
insiste en que te lo has imaginado…
Horas de debate, tras días de indecisión y temor a empezar a
escribir, por si no me gustaba el resultado. Para luego escribir un par de
cientos de palabras, que luego olvidaría en el interior de una libreta
maltrecha de tantos desencuentros con la literatura, de mi prosa errática y mi
ficción sobre las cosas ciertas.
Al final se pasa el tiempo, yo sigo sin encontrar que cantar
por miedo a desafinar. Aunque al menos, para mi sorpresa, volví a encontrar
algo que hacía y extraño, algo que escribo, guardo y olvido.
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