sábado, 18 de abril de 2015

Olor a cigarrilo

Ese iba a ser mi último cigarrillo. No volvería a comprar otra caja de tabaco, esperaba que nunca.
Lo saqué de la cajetilla y lo coloqué en mis labios, mientras tanteaba mis bolsillos en busca del mechero. Un roce en el hombro me hizo volver y encontrarme con su rostro, justo encontré el mechero en ese momento en el bolsillo de la chaqueta.

-Perdona, ¿me das un cigarrillo?

Tenía el cabello más oscuro que la noche, los ojos delineados y una lágrima dibujada en su mejilla. Prendí el cigarrillo y le di una breve calada. Lo miré con añoranza y se lo tendí, sonriente.

-Disfrútalo. Este iba a ser mi último tabaco, llevo siete años fumando, desde que empecé por una chica, que al final nunca fue mía. Sin embargo, en noches como esta, después de que una chica, que como tú, me pidiese fuego o un pitillo, daba pie a una conversación amena, que desembocaba en un polvo, en unos cuantos, y en dos ocasiones en una breve relación. En siete años, he aprendido a apreciar cada calada, desde la primera en la que prende hasta apagar las ascuas en un cenicero. Alguna vez he malgastado alguno, solo viendo como la llama consume el tabaco poco a poco, y soplaba como si fuese una vela, para que el candil no se apagase. He fumado después de hacer el amor, y el humo me sabía a orgasmo. He fumado mientras follaba, y el humo me sabía a sexo. He probado infinidad de cigarrillos, los tristes, los alegres, los furiosos, los que estaban al borde de la locura, los que al encenderlos, apagan el estrés. He llorado lágrimas de humo, he exhalado sonrisas de humo, he ahogado golpes de humo gracias al tabaco... Es la relación más larga que he tenido, y hoy iba a cortarla. Eso es lo que te estoy dando con este pitillo, disfrútalo por mi.

Se quedó un segundo pensativa, yo había vuelto a mirar un par de veces el cigarro y a ella mientras hablaba. Cerró los ojos mientras daba la primera calada, yo estudiaba su expresión. Dejó el el humo se esfumara con lentitud entre sus labios, exhalando el que iba a ser mi último placer. Se quedó delante de mi, en silencio mientras se lo fumaba, no había vuelto a pronunciar palabra.
Dio la última calada, lo tiró al suelo y lo pisó con la punta del pie, luego levantó la cabeza, se acercó y me besó, soltando el humo en mi boca.

-Tú me has regalado el recuerdo de siete años de placer. Así que déjame que trate de devolvértelo.

Hoy llevamos siete años y un día haciendo el amor casi todas las noches. Te estudiado, desde ates de que despiertes por la mañana, hasta después de que te duermas. He saboreado cada parte de ti, buena y mala, durante siete años. Hemos tenido polvos tristes, polvos alegres, polvos furiosos, polvos que nos dejaban al borde de la locura, y polvos que apagaban el estrés. He llorado y reído mientras hacía el amor, y hacerlo ahogaba el dolor que producía el golpe de un día malo. Ella es la relación más larga que he tenido, y ni el tabaco se compara a ella. He pensado en fumar, pero nunca he vuelto a hacerlo, he comprobado que puedo vivir sin ello.
Pero no se qué sería capaz de hacer sin ti, mujer.




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