lunes, 18 de mayo de 2015

Un día soñando


-Pues, creo que por fin la he encontrado.

-¿Y eso? ¿Pero no llevas solo dos meses con ella?

-Pues, verás... El sábado, después de cafés, de bailes, de paseos, de cines y besos. De miradas, de caricias, de deseos ocultos escondidos en cada roce... Por fin me atreví a invitarla a casa a cenar. Cociné para ella, usé mantel y velas, apagué las luces y puse música en el cuarto, para que sonase muy de fondo. Me sentí muy a gusto con ella, la conversación, los silencios, las miradas... Todo era agradable. Cuando me levanté para recoger la mesa, me imitó, pero ya sabes que nunca me ha gustado que me ayude un invitado. Así que tomé su mano y la abracé. Ella me devolvió el abrazo y descansó su cabeza sobre mi hombro. Comencé a moverme al ritmo lento de la música, casi sin levantar los pies del suelo, y ella me siguió. Cuando incliné la cabeza para besarla, ella respondió alzando sus labios, y cuando nos encontramos en ese beso, lo noté: me quiere.

-Pero, que la quieras, y que te quiera, no significa que sea la indicada. ¿Tú estás seguro de que la quieres?

-Verás... Por la mañana, me levanté a hacerle el desayuno. Mientras preparaba tortitas y café, me puse muy nervioso. La noche había sido genial, fuimos de la mano hasta mi cuarto, nos desnudamos el uno al otro, nos regalamos besos por todo el cuerpo, la estudié mientras ella me estudiaba a mi, desnudos. Después de muchas caricias y de muchos besos, ya bajo las sábanas, hicimos el amor. Cuando llegó al orgasmo, se le derramaron lágrimas por las mejillas. La abracé, y entonces, antes de quedarnos dormidos, me susurró que me quería... Cuando volvía al cuarto, me puse realmente nervioso, me temblaba la bandeja y las cucharillas tintineaban un poco. Entré empujando la puerta con la espalda, sorteé la ropa, aun tirada en el suelo, y dejé la bandeja sobre la mesilla de noche, junto a ella. Me senté a su lado, cuando quise acariciar su rostro la mano aun me temblaba. ¿Y si había cambiado de parecer? O si no le había gustado tanto como a mi hacer el amor conmigo, o... cualquier motivo que hiciera que no me quisiera, como había dicho. Sonrió al despertar por fin, y la ayudé a incorporarse. En ese momento, sentada, sujetando la sábana sobre sus pechos, me acarició la mejilla y me besó. Y entonces lo sentí.

-¿El qué?

-A ti, lo que sentía cuando estaba contigo. Lo que era despertar a tu lado cada mañana, sentirme realmente afortunado de compartir mi cama con alguien, y sentir que esa persona me quiere. La miré, y lo vi, todo estaba bien. Desayunamos en la cama, y no podía dejar de mirarla, quería besarla en todo momento... Cuando terminamos, volví a dejar la bandeja en la mesilla de noche, y nos pasamos el resto de la mañana en la cama. No se cuanto va a durar, solo se que ahora estoy genial con ella. Y al igual que me pasó contigo, la quiero de verdad.

-Entonces, no hagas lo mismo que hiciste conmigo, no la dejes escapar, y se feliz de una vez.



Luego desperté, no había una chica de antes, ni una de después, ni fui feliz, ni lo soy ahora.
Solo estoy yo, y de vez en cuando, Morfeo me regala
un oasis en medio del desierto.
Una vez que llegas, todo vuelve a ser una mierda,
pero mientras crees que está ahí,
mientras sueñas...
Eres feliz, no tienes problemas, y vuelves a sonreír.

3 comentarios:

  1. Los sueños son lo mejor pero si te pasa en la realidad no tienes que depender de Morfeo sino de la otra persona

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