viernes, 29 de mayo de 2015

Mañana



Cuando llegue mañana, yo ya no estaré. Por eso ahora, mientras duermes, voy a hablarte de nuestra historia.

-Verás, yo nunca he sido muy listo, por así decirlo. En realidad, no se como explicar esa parte de mi. Es solo que... Te vi cantar allí, a solas con tu guitarra en la calle. Volvía de una larga jornada de trabajo limpiando pescado, aunque me había cambiado de ropa, antes de volver a casa, seguía con ese olor a mar en el cuerpo, a penas disimulado por el desodorante. Me moría de hambre, me dolían los pies, y necesitaba una ducha, pero tu voz me atrapó y me obligó a sentarme cerca, donde no molestase a nadie y pudiese estudiarte.

"Tu rostro, muy diferente al que veo ahora, estaba marcado por el cansancio, tu mochila junto al estuche de la guitarra me hablaba de un viaje que aun no había acabado. Tu actuación me decía que querías comerte el mundo mientras cantabas. Pero en cada pausa, mientras agradecías los aplausos y las monedas que te dejaban por tu actuación, la forma de morderte el labio, los suspiros, el parpadear varias veces seguidas para evitar las lágrimas... Solo hubo una cosa que me desagradó de tu actuación ese día. Cantabas las canciones de otros, pero no decías nada de ti. Así no lograrías ir muy lejos, pero esa solo era mi opinión.

No me considero un samaritano, y ya he confesado, en cierta manera, que me habías fascinado. Me sentía atraído por ti. Concretamente por tu historia, esa que no cantabas. Pero atraído al fin y al cabo. Además, cuando yo había llegado a aquella ciudad, lleno de ilusión y esperanza, no dejé de llevarme palos una y otra vez. Si podía salvarte a ti de eso, aunque no te conociera, me apetecía hacerlo. Y por eso esperé, hasta que terminaste el concierto e hiciste la reverencia final. Te aplaudí con todos, y esperé a que recogieses para acercarme a ti. Recogiste las monedas y las guardaste en un monedero de cuero, las manos te temblaban, y casi te fallaron las piernas al levantarte. Tomaste tus cosas, te giraste decidida a continuar tu camino, y la duda te impidió mover las piernas, estabas tan perdida. Por eso me acerqué en ese momento, cuando no tenías ni idea de como seguir, y te ofrecí una opción.

-Hola. -Sonreíste y me saludaste con un gesto de la cabeza. -Llevo un buen rato escuchando tu actuación, creo que ha sido genial, lo he disfrutado mucho.

-Gracias.

-Me gustaría pagarte de alguna forma, pero no llevo nada suelto en este momento. Así que he pensado que podría invitarte a comer.

-Oh, no. Muchas gracias. Pero no puedo aceptarlo.

-Tienes aspecto de recién llegada, cara de perdida, ojos de no haber dormido bien hace unos cuantos días, en tu voz se divisa la tristeza y tu aura trasmite que te sientes perdida... Tengo hambre, mi casa está a unos minutos de aquí. Te ofrezco un lugar donde descansar y llenar el estómago mientras piensas tu siguiente paso, eso es todo.

Mis palabras te habían dolido, no aguantabas mi mirada.

-¿Qué quieres? ¿Pretendes aprovecharte de mi?

-No suelo hacer esto, la verdad. Pero no pretendo nada, más que agradecer tu actuación. Realmente me ha gustado.

Y aun no se bien por qué, accediste a venir conmigo. Supongo que porque no tenías ni idea, y yo te ofrecía algo. Me presenté entonces, y por el camino te hablé de mi trabajo y de mi casa. Comentaste lo del olor, pues no pasaba desapercibido. Conseguí hacerte sonreír antes de llegar a la puerta, todo un logro en el estado en el que estabas. Insististe en ayudarme a preparar lo que fuese a hacer, y no me negué. Preparé café para charlar en el salón antes de que te fueses, pero cuando fui a por él en la cocina y te dejé en el salón, te quedaste profundamente dormida, creo que fue entonces, cuando vi las lágrimas caer de tus ojos cansados, cuando me enamoré de ti.

Te quité las botas, llevabas un calcetín de cada color. Te tomé en brazos, te llevé al cuarto y te tumbé en la cama. Me tomé un minuto para contemplarte en silencio tras taparte con la manta, luego cogí una muda de ropa limpia y me fui a duchar.

Ese día había quedado con unos amigos para ir a tomarnos unas cervezas, la excusa era un partido de fútbol, solo me quedé la primera parte. Aun dormías cuando había salido, pero duraba que siguieras acostada para cuando llegase. Nos encontramos en la puerta, llevabas tus cosas y te disponías a marcharte. Seguías tan perdida como cuando habías terminado tu concierto en la plaza, por eso sabía que no tenías ni idea de a dónde ibas. Solo querías irte de allí, pero no tenías ningún motivo para hacerlo.

-Buenas noches, Jessie. Voy a preparar la cena, y me gustaría que volvieses a acompañarme, hoy no me apetece cenar solo.

-No puedo dejar que vuelvas a invitarme a cenar.

-Friega los platos después y estaremos en paz.

Ya estaba dentro y había cerrado la puerta. Había pasado por tu lado y había dejado las llaves en el mueble de la entrada.

-No estaría bien, tengo que irme.

-Creo, que si de verdad quisieses irte, ya lo habrías hecho. Anda, deja eso y ven a ayudarme. Esta noche me apetece pescado, ¿qué te parece?

Cenamos, charlamos un rato, pero luego te corté. Estaba cansado y tenía que levantarme temprano para ir a trabajar. Me volví a levantar del sofá y llevé tus cosas a mi cuarto, saqué una toalla del armario y te la tendí.

-No tienes donde quedarte, así que quédate aquí esta noche, mañana te ayudaré a buscar un lugar para quedarte. Tómate una ducha de agua caliente, te sentará bien, luego descansa. Mañana será otro día.

Después de negarte mil veces, te convencí, de la ducha, de que durmieses en mi cama mientras yo ocupaba el sofá del salón, de que no te fueses a la mañana siguiente y esperases por mi, para volver a comer juntos. Habías dejado la puerta de la habitación entre abierta, y era la única luz que se veía encendida desde el sofá, había apagado el resto. Escuchaba como caía el agua a lo lejos. No tardaste demasiado, la verdad. Los pasos y las sombras que jugaban por la apertura me decían donde estabas. Me hice el dormido cuando saliste a darme las buenas noches, no quería que pasara nada esa noche, no quería hacerte sentir mal por haberme mal interpretado, no buscaba acostarme contigo. De no haber fingido estar dormido y rechazarte, te habrías sentido muy incómoda y no habrías estado al día siguiente. Así, si yo no era testigo de tu error, era como si no existiera... Aun así, me deleité con tus piernas a contra luz cuando volviste a la habitación. Era una vista maravillosa para antes de dormir.

Pasó el tiempo, yo te ayudé. Tú no dejaste de agradecérmelo. Cada vez que tenías un problema, volvías conmigo a que te cuidase. Volviste a quedarte a dormir conmigo muchas veces, comimos y cenamos también muchas veces juntos. Me preguntaste mil y una vez por qué te había ayudado, y mil veces te dije que antes debías contarme tú tu historia para poder responderte. Una noche, trajiste la guitarra y me cantaste unas canciones, canciones tuyas, que me contaron tu historia. Canciones que no había escuchado nadie aun. Cuando terminaste, me acerqué a ti y te besé. Te conté de ese primer día en el que llegaste y te vi, te hablé de tu voz, te hablé de las lágrimas que habías derramado al dormirte y de que me había enamorado de ti en ese momento, te hablé de mi comienzo en aquella ciudad, nadie había creído en mi. Pero yo creo en ti, desde el primer momento, y quería ayudarte, como me hubiese gustado que me ayudasen a mi a salir adelante. Luego te levantaste tú y me besaste. Desde un tiempo después en adelante, dejaste de alquilar habitaciones y te viniste conmigo, a compartir mi comida, mi cena, mi ducha, mi tiempo y mi cama.

Te he animado desde el primer día. Cuando te escuché cantar la primera vez, me dolió que una voz como la tuya se viese relegada a cantar por unas monedas en la calle. Tú merecías un escenario con mil espectadores., miles. Pero necesitabas contar tu historia, y alguien que te ayudase. Y yo quería que te ayudaran, pero sin que se aprovechasen de ti. Por eso te ayudé, enamorarme de ti fue sin querer, te lo prometo. Y no por esas lágrimas dormida en mi sofá, por todo lo de después, el conocerte, y escuchar tus canciones. Si no hubiese escuchado esa parte de ti, ese fragmento de tu alma dedicado a mi, no te habría conocido lo que necesitaba para enamorarme perdidamente de ti y atreverme a besarte.

Mañana vas a tomar un vuelo, para dar tu primer gran concierto. Y no será el último. Llegaste a donde ambos queríamos que llegases, y a donde siempre he creído que pertenecías. Ya no necesitas que te ayude en nada más. ya no te tiemblan las rodillas ni tienes que guardar las monedas que te dan en una bolsa de cuero en una plaza. Y por eso ya no necesitas seguir aguantando mi hedor a pescado cada vez que vuelvo del trabajo. No necesitas seguir comiendo mi comida ni tener que fregar los platos luego. Ni compartir mi cama, ni mi ducha, ni mi tiempo... Voy a irme temprano hoy, para que no tengas que despedirte de mi y puedas, por fin, continuar tu camino. Voy a echarte muchísimo de menos, pero de verdad, nunca podrás imaginar cuan feliz me siento por ti, amor." 

Sentía aun algunas lágrimas derramarse por mi mejilla. Llevaba esperando ese adiós desde el primer día. Siempre supe que en algún momento, conseguiría triunfar y se iría. Por eso digo lo de que no soy muy listo, porque aun así, la ayudé, la metí en mi casa, dejé que se metiese dentro de mi y me enamoré perdidamente de ella, sabiendo lo que pasaría al final. La miré por ultima vez en mi cama, tomé un beso en mis dedos y lo dejé en su mano, dispuesto a levantarme e irme. pero su mano se cerró y me atrapó. Entonces, ella se levantó, me miró a los ojos mientras se acercaba y me besó.

-En cuanto supe cuando tenía el vuelo, llamé a tu trabajo y te pedí el día libre. Hoy no vas a irte a ninguna parte, vas a estar conmigo como siempre, y vas a seguir apoyándome. Porque si te vas, si me dejas, jamás volveré a subirme a un escenario o a tocar mi guitarra. Si piensas que voy a dejar ir a la primera persona que creyó en mi, es que aun tengo canciones que escribirte, para que aprendas cuanto te amo. Ahora, vuelve a meterte en la cama, déjame dormir un par de horas más, y luego, hazme el amor como la primera vez. Cógeme con ansia y deseo, con tu amor y tu pasión. Lléname de ti de tal manera que recuerde el sabor de tus labios y la dureza de tu miembro dentro de mi en todo momento, que me maten las ganas de volver y tenernos desnudos el uno en los brazos del otro...

Limpió mi rostro de lágrimas, me besó repetidas veces y tiró de mi para que volviese a tumbarme a su lado. La abracé con fuerzas, todas las que había perdido cuando su mano había detenido mi huida.

-Si alguna vez te arrepientes, lo aceptaré. No te preocupes por mi. -Volvió a alzarse sobre mi pecho y me besó. Bajó su mano y comenzó a masajearme la entrepierna. -¿Qué haces?

Siguió besándome y tocándome hasta que me puse erecto.

-Me he arrepentido, -Se subió sobre mi, y me metió dentro de ella con un gemido. -No me dejes dormir, siempre puedo hacerlo en el avión, pero esto no.

Una vez más, hicimos el amor. Y, por fortuna para mi, no fue la última.





No hay comentarios:

Publicar un comentario